Podeu llegir aquest article del Diari de Tarragona, en què es presenta un dels meus projectes: un sistema de sensors basats en intel·ligència artificial pensat per facilitar l’envelliment confortable a casa. L’article exposa com aquesta tecnologia pot millorar la qualitat de vida en l’entorn domèstic, combinant seguretat i autonomia per a persones grans. Podeu consultar-lo en aquest enllaç.
La población europea y la tarraconense envejece. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de hace tan solo unas semanas, recogidos por el ‘Diari’, en 2034 el 23% de la población de la provincia tendrá 65 años o más y los abuelos y abuelas centenarios serán más del doble que ahora. Si este año se cuentan 272, en una década se estima que habrá 626. La necesidad de atender la dependencia será una de las prioridades.
Un grupo de investigadores del Departament d’Enginyeria Informàtica y Matemàtiques (DEIM) de la Universitat Rovira i Virgili (URV), liderado por el catedrático Domènec Puig, ya está trabajando en esta previsión. Ha ideado un sistema basado en la Inteligencia Artificial para monitorizar la actividad y los parámetros vitales de personas vulnerables, mayores o con algún tipo de discapacidad, que viven solas. Se trata del proyecto ICARE, financiado por el Departament de Drets socials de la Generalitat gracias a los fondos Next Generation. Además de la URV, cuenta con la colaboración del Institut d’Investigació Sanitària Pere Virgili en cuanto al asesoramiento médico y de la Fundació Ave Maria de Sitges, que dispone de residencias y pisos tutelados para personas vulnerables.
El objetivo de la iniciativa no es otro que preservar la vida independiente en el domicilio el mayor tiempo posible. «Nosotros desarrollamos el software de los sensores que se instalan por las diferentes estancias de la vivienda, cuya característica principal es que no son intrusivos, no disponen de cámaras ni alteran el día a día de las personas», destaca Domènec Puig. A partir de los datos que se capturan de forma continua, el cuidador social, un médico o un supervisor, puede inferir la actividad humana en la vivienda. «Por ejemplo, hay sensores en base a gases. Es decir, la concentración de CO2 en una habitación es mucho más alta si la persona no se mueve de allí. Así se puede saber si se ha quedado todo el día en la cama, si ha ido al lavabo, si se ha preparado el desayuno y otros movimientos, sin necesidad de una vigilancia directa», explica Puig.
Como complemento, una aplicación móvil permite conocer parámetros como el ritmo cardíaco, la respiración o la presión sanguínea, únicamente enfocando la cara del paciente. «Este método tampoco es invasivo. No hace falta que la persona tenga nada conectado ni se hace ningún reconocimiento facial. Simplemente se tiene que poner ella misma el móvil delante de la cara periódicamente», comenta el catedrático de la URV.
Los domicilios tutelados
«Debemos generar que en el domicilio podamos tener una buena forma de vivir», defiende Jordi Cerezuela, patrón delegado del Instituto de Robótica para la Dependencia, una institución que actúa a nivel estatal. Es también Director General de la Fundació Ave Maria de Sitges, que gestiona centros residenciales principalmente destinados a personas con discapacidad intelectual y mental, así como acompañamiento a la solitud y que es donde se instalan los dispositivos de la prueba piloto. «Nosotros intentamos innovar. Trabajamos con robots asistenciales bien para centros o bien para dar apoyo en la propia vivienda. Participamos en el trabajo de campo, que consiste en detectar a personas a las que les podamos instalar los sensores para empezar a hacer las pruebas. Somos los que periódicamente vamos y tenemos contacto con los destinatarios», dice Cerezuela. Este explica cómo, a pesar de que en sus instalaciones cuentan con médicos, enfermeros y psiquiatras, la gestión de la lectura de los datos aportados por los sensores la llevan a cabo a través de trabajadores sociales y terapeutas ocupacionales.
